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[He vacilado largamente antes de escribir un libro sobre la mujer. El tema es irritante, sobre todo para las mujeres, y no es novedoso. La polémica del feminismo ha hecho correr mucha tinta, y en la actualidad está más o menos terminada. No la reabramos. Se sigue hablando de ella. Sin embargo. Y no parece que las muchas tonterías que se han recitado durante este último siglo hayan aclarado mucho el problema. ¿Hay un problema, por lo demás? ¿Cuál es? ¿Y acaso hay mujeres? Es verdad que la teoría del eterno femenino cuenta aún con adeptos que murmuran: “Hasta en Rusia, ellas siguen siendo del todo mujeres”, pero otra gente, bien informada – y alguna vez aquéllos mismos- suspiran: “La mujer se pierde, la mujer está perdida”. Ya no se sabe bien si aún existen mujeres, si existirán siempre, si hay que desearlo o no, qué lugar ocupan en este mundo y qué lugar deberían ocupar. “¿Dónde están las mujeres?”, preguntaba no hace mucho un periódico de aparición irregular. Pero antes que nada, ¿qué es una mujer? “Tota mulier in utero: es una matriz”, dice uno. Sin embargo, al hablar de ciertas mujeres los conocedores decretan: “No son mujeres”, aunque tengan un útero como las otras. Todo el mundo está de acuerdo en reconocer que en la especie
humana hay hembras, y que éstas constituyen hoy, como en otros tiempos, casi la mitad de la humanidad; sin embargo, nos dicen que “la femineidad está en peligro”, y nos exhortan: “Sed mujeres, seguid siendo mujeres, convertíos en mujeres”…]

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