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[THE WASHINGTON POST
Washington – 17 AGO 2000

[La dramática prueba a la que se enfrenta la tripulación rusa atrapada en el interior del submarino nuclear Kursk evoca una de las principales pesadillas del ser humano: la posibilidad de ser enterrado vivo. Es imposible saber por lo que están pasando los marineros, pero expertos médicos y en submarinos aseguran que su historia puede ser similar a otras vividas en condiciones parecidas. Por ejemplo, la de los astronautas del Apolo XIII, ya que, como ellos, los rusos se hallan encerrados en un fino caparazón en un ambiente hostil.La temperatura dentro del submarino ruso ha caído a 4º C, según funcionarios rusos, y el oxígeno podría agotarse mañana, según algunas fuentes. Con el motor nuclear del submarino apagado, los tripulantes que hayan sobrevivido de los 118 que embarcaron estarán probablemente sentados o tumbados en la oscuridad. Su entrenamiento, según los expertos, les hará moverse y hablar lo menos posible para conservar el aire existente y su propia energía. (…) La causa más probable de muerte no es la asfixia por falta de oxígeno, como se cree…]

elpais.com/

[El 12 de agosto de 2000 naufragó en el mar de Barents.

(Una de las mayores tragedias navales de Rusia, entonces gobernada por un novato en el poder llamado Vladimir Putin.)*

A diferencia del submarino argentino, del cual aún no se tienen noticias, el Kursk fue localizado rápido. A los dos días de su naufragio la Armada rusa informó que el navío estaba sumergido a 108 metros de profundidad y ya se anticipaba que las posibilidades de rescatar a los tripulantes eran escasas.

El 15 de agosto se anunció el comienzo de una operación de rescate, que luego fue aplazada por el mal tiempo en la zona del naufragio. Moscú rechazó la ayuda que ofrecían varios países para intentar socorrer a los tripulantes hasta que fuentes oficiales admitieron que la tripulación había dejado de dar señales de vida.
Entonces, Rusia aceptó la ayuda de la OTAN y comenzó una operación internacional de rescate. El 21 de agosto, un equipo de buzos noruegos consiguió abrir una de las escotillas del Kursk y no encontró más que agua. Ese mismo día la Armada de Rusia anunció oficialmente la muerte de sus 118 tripulantes.]