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“No le dejes hacer lo que quiera en su juventud y no disimules sus travesuras. Dóblale la cerviz en la mocedad y dale con la vara mientras es niño, no sea que se endurezca y te niegue la obediencia, lo que causará dolor a tu alma”.

Eclesiastés – Antiguo Testamento

El amor es imprudente cuando, de tal modo ciega a los padres, que les impide conocer los defectos de los hijos, les ata las manos para no darles el debido correctivo cuando y como conviene, y hasta les detiene la lengua para no reñirles, y les ahoga el corazón impidiendo que sean reprendidos o contrariados en sus caprichos a fin de no disgustarles en lo más mínimo.

¿Qué resultará, pues, de aquí?  Que casi por necesidad han de ser unos hijos rebeldes, unos cristianos impíos, unos ciudadanos revolucionarios.

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