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[Nathan Zohner participó en una feria científica local con un proyecto personal basado en convencer a sus compañeros de instituto de la necesidad inmediata de prohibir el monóxido de dihidrógeno (MODH o DHMO). Durante varios días recogió firmas para vetar dicho compuesto alegando una serie de razones científicamente probadas:
-El MODH puede causar sudoración excesiva y vómitos.
-Es uno de los componentes principales de la lluvia ácida.
-Puede causar quemaduras severas en su estado gaseoso.
-La inhalación accidental puede matar a una persona.
-Contribuye a la erosión.
-Disminuye la eficacia de los frenos de automóviles.
-Se ha localizado en tumores de pacientes que padecen cáncer terminal.

Todas aquellas afirmaciones eran ciertas y, entre los cincuenta estudiantes entrevistados, Zohner recogió cuarenta y tres firmas a favor de prohibir el MODH, seis abstenciones y una persona que se opuso en redondo.

El estudiante que se opuso a firmar la petición lo hizo al reconocer que el monóxido de dihidrógeno en realidad es el nombre que según la nomenclatura química recibe el agua. El proyecto de Zohner, que en realidad no tenía nada que ver con prohibir un elemento vital, se titulaba ¿Hasta qué punto somos crédulos?]

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