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Pasó a la sala de estar y tomó asiento cruzando las piernas con elegancia.
Al principio, permaneció sentada y pensativa; muy pronto, sólo estaba sentada. El tiempo transcurrió en torno de ella con la maníaca lentitud que reserva a los niños, los locos y las esposas (…).
Sus facciones eran vagas y su
inexpresividad asustó al pequeño; que la observó fascinado. ”

Brian Aldiss. Los superjuguetes duran todo el verano.