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El hombre fue condenado en 1990 a 11 años de prisión, (fue recluído) en la cárcel de Ternera de Cartagena -Colombia-, donde vive su familia.

Al ser trasladado a Bucaramanga (en 1992), sus familiares no pudieron visitarlo más por los escasos recursos con los que contaban.

Falleció en 1993 (herido por alma blanca). Tras (el fallecimiento), las autoridades no le comunicaron la noticia a la familia.

Al llegar la tan esperada fecha (de la liberación), la madre del recluso se comunicó para obtener información sobre su hijo, pero no lo consiguió.
Después de varios recursos, los guardias por fin respondieron la solicitud de la mujer: Su hijo había muerto 15 años atrás.
Lo peor es que no supieron decirle a la mujer dónde habían dejado los restos del hombre.

diariodeloeste.com.ar/ infobae.com/