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Rinaldi apareció repentinamente en medio del páramo. A fines de 1966, la Argentina venía de sufrir un nuevo putsch militar, que había instaurado una dictadura oscurantista que procuraba ahogar la efervescencia cultural de los años previos. El tango veía disgregarse la popularidad de la que había gozado hasta mediados de los años ’50, y aunque una vanguardia de músicos renovadores, con Astor Piazzolla a la cabeza, buscaba abrirle nuevos rumbos, era muy escaso su eco en el público masivo y enormes las resistencias que provocaban. Salvo estandartes tradicionales aún en alto, como las orquestas de Osvaldo Pugliese y de Aníbal Troilo, entre otras pocas sobrevivientes del pasado, el resto tendía a repetir fórmulas viejas que ya no entusiasmaban.

Con un estilo nuevo, una voz delicada y un decir por momentos sutil o rotundo, Susana prescindió de las inflexiones arrabaleras, de los temas machistas o de trazo pasional grueso, apelando a un repertorio variado pero cuidadosamente elegido… todotango.com/