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No te preguntes (sería un sacrilegio saberlo) qué fin
nos tienen preparado a ti y a mí los dioses, Leucónoe;
ni consultes las tablas babilónicas *.
Lo mejor será soportar lo que venga.
Tanto si Júpiter nos ha concedido todavía muchos inviernos
como si éste que ahora azota las rocas porosas del mar Tirreno
es el último de nuestra vida, sé sabia, disfruta de tus vinos
y no tengas una larga esperanza.
Mientras estamos hablando se está escapando envidioso nuestro tiempo. Aprovecha el presente y confía lo mínimo en el porvenir.

(*el horóscopo….)

***

Tu ne quaesieris (scire nefas) quem mihi, quem tibi
finem di dederint, Leuconoe, nec Babylonios
temptaris números. Vt melius quicquid erit pati!
Seu plouris hiemes seu tribuit Iuppiter ultimam,
quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare
Tyrrhenum, sapias, vina liques et spatio brevi
spem longam reseces. Dum loquitur, fugerit invida
aetas: carpe diem, quam mínimum crédula postero.


[(…) Uno de los poetas más notables por su madurez y su razonable epicureísmo es Horacio -Quinto Horacio Flaco, Quintus  Horatius Flaccus-.

Es autor, entre otras varias famosas, de la frase carpe diem, citada hasta la saciedad, usada y abusada constantemente desde la Antigüedad. Significa “aprovecha la ocasión, goza del momento…”.
Horacio la utiliza en su Oda número 11 del libro I. El poemita, sólo tiene ocho versos, está dedicado a una mujer, Leucónoe,  que algún autor interpreta como “la de mente lúcida”, a la que tal vez le hace una sutil insinuación amorosa. (…)]

Antonio Marco Martínez, 1949, profesor de Latín.
Historia de Grecia y Roma. | Anécdotas del Mundo Antiguo Clásico.